domingo, 25 de marzo de 2012

La fauna de Madagascar llegó a la isla subida en troncos y ramas

Si la isla de Madagascar se separó del continente africano hace unos 130 millones de años, y de la India hace entre 65 y 80 millones de años, tras la desmembración del supercontinente Gondwana, ¿cómo llegó hasta allí la diversa y exótica fauna que la habita actualmente?

Una investigación internacional en la que ha participado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha llegado a la conclusión que la mayor parte de la fauna malgache llegó a la isla a través de repetidas dispersiones oceánicas después de la separación del continente.


Para reconstruir la historia de la colonización de Madagascar, el equipo de investigadores secuenció varios genes de los principales grupos de vertebrados de la isla y de las especies más próximas de África, Asia y Sudamérica. Después, para datar los periodos de divergencia, aplicaron el llamado “reloj molecular”, que permite estimar el tiempo evolutivo a partir del número de diferencias entre dos secuencias de ADN.

Los resultados muestran que el origen de la mayor parte de los grupos malgaches es relativamente reciente, geológicamente hablando, y que colonizaron la isla por dispersión oceánica, principalmente desde África, según relatan los investigadores hoy en la revista PNAS. "Lo más probable es que fuertes ciclones arrastrasen hasta tierra firme grandes troncos o pequeñas islas flotantes de vegetación con los que serían los primeros colonizadores", explica el investigador del CSIC David Vieites, del Museo Nacional de Ciencias Naturales.


A finales del periodo Cretácico se produjo una extinción masiva en todo el planeta. Según este estudio, solo dos grupos de las especies vertebrados que vivían entonces en Madagascar sobrevivieron a esa ola de extinciones: unas tortugas de agua dulce y las iguanas. El resto de la fauna presente en la isla llegó a ella a con posterioridad cruzando el océano en varios periodos. El Canal de Mozambique que separa Madagascar de África, tiene una profundidad de casi 3.000 metros, demasiados para que una bajada del nivel del mar hubiese permitido la dispersión por tierra.

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